Un año después del lanzamiento de su primer single, Agoney Hernández vuelve a la carga con un nuevo sencillo en el que se ha envuelto en un aura de oscuridad del que no puede escapar nadie que viva en sociedad. “Black” es el nombre del segundo trabajo del canario y es una crítica en toda regla al odio desmedido y sinsentido que tiene la gente en su interior, incluidos aquellos que van predicando paz, libertad y empatía.

En los últimos años la oleada de odio injustificado se ha multiplicado de forma desproporcionada debido al mal uso de las redes sociales. Muchos artistas se han inspirado en toda esta negatividad que les invade cuando, sin quererlo y sin merecerlo, les llega un batallón de haters a intentar hundir su autoestima con tal de recibir un par de likes y followers en Twitter o Instagram. Un porcentaje bastante alto de estos artistas ha terminado haciendo canciones cuyas letras se resumen en un “me da igual lo que digan”, “yo soy así y a quien no le guste que se aguante” o “soy una diva y tus palabras no me afectan”. No somos nadie para acusar a personas que no conocemos de mentir en sus letras, seguramente quienes canten esas canciones piensen eso de verdad, pero al final todos somos personas y en momentos de bajón hasta el comentario más tonto puede ser letal para nosotros, y es justo en ese punto donde se sitúa “Black”, en la debilidad causada por el hate injustificado de la gente.

El videoclip está trabajadísimo. Tanto él como el director (Frankie de Leonardis) han cuidado hasta el más mínimo detalle. Es un vídeo lleno de metáforas, por lo que hay infinitas interpretaciones posibles, pero no queríamos terminar este artículo sin hacer nuestro propio análisis, así que hablaremos de cada uno de los puntos que más nos han llamado la atención, explicándolo todo con la premisa de que sabemos que la canción critica el comportamiento de la sociedad.

Antes de entrar al trapo, vemos necesario aclarar que hemos tenido muy en cuenta dónde están colocados los elementos de las escenas. Según muchas autoridades de la psicología, todo lo que mostremos artísticamente en la parte izquierda hace referencia a lo más íntimo, al pasado y a lo que más nos guardamos para nosotros, ya que la izquierda suele simbolizar lo regresivo, el no avance. Por otra parte, la derecha sería la progresión, el avanzar, el ir hacia los demás, el mostrarte ante ellos y el dejar los sentimientos más nostálgicos y profundos a un lado, ya que quien se deja vencer por emociones como el miedo y la melancolía, difícilmente va a avanzar. En el vídeo de “Black” hay mucho simbolismo en la disposición de los elementos.

Primera parte: lo primero que vemos al comenzar el vídeo es a un Agoney cabizbajo que muy lentamente va levantando la cabeza hasta que sus párpados se alinean con la cámara. Sin abrirlos, van sucediéndose distintos primeros planos de Agoney estancado en el mismo sitio, pero con distintos gestos. El movimiento más notable, de hecho, es el del fondo: un montón de luces blancas muy pequeñas se mueven de arriba abajo a su alrededor, apareciendo y desapareciendo muy rápidamente. Esas luces, teniendo en cuenta el mensaje de la canción, perfectamente podrían ser los comentarios que envuelven al artista, que no paran de llegar se encuentre él como se encuentre: maquillado, sin maquillar, preparándose para un evento, con gafas, sin ellas… le llegan siempre, esté donde esté, y no puede hacer nada para evitarlo. Va sin camiseta, así que está enseñándonos cómo es él desnudo, lo que hay debajo de la armadura

El vídeo está en blanco y negro, aunque en la parte izquierda, que, recordemos, simboliza la parte más reservada y la menos visible de nosotros mismos, hay un foco rojo. El rojo es el color de muchas cosas: amor, pasión, fuerza, poder… pero esta vez no simboliza nada de eso. Es un rojo de peligro, de daño, es un rojo de heridas abiertas.

Aparece su mano sujetando el móvil y podemos ver que la punta de sus dedos está negra. Queramos o no, al final las redes sociales son capaces de hacernos cambiar por dentro y de marcar nuestro estado de ánimo aunque tan solo sea momentáneamente, y muchas veces terminan tiñendo de negro nuestra propia huella de identidad. Por otro lado, Agoney está mirando por la ventana, que no deja de ser un cristal que en cierta forma distorsiona la realidad, más aún si está empapada con gotas que no te dejan ver con claridad el camino que debes seguir. El juego de símbolos está muy bien ejecutado: el cristal de la ventana perfectamente podría ser el cristal del móvil, las gotas serían los comentarios tóxicos de la gente y, la lluvia, la frustración e impotencia de Agoney al ver lo podrido que parece estar todo el mundo.

Tras el cristal se ve a gente riendo y resguardándose de la lluvia con paraguas, aunque no parece hacer demasiado efecto porque, salvo un hombre (del que hablaremos después), todos están calados de agua.

Cuando llega el estribillo, Agoney se divide en tres personas. Canta “no podré escapar”. No hay salida de esa realidad, así que no le queda otra que aprender a vivir con dos caras: una para sí mismo y otra para el mundo. Si viéramos el vídeo en un móvil y lo girásemos 180 grados para que nuestros ojos mirasen en la misma dirección que el canario, podríamos ver que el Agoney de nuestra izquierda, la parte más íntima y personal, está derrumbado, cabizbajo y solo, mientras que la parte de la derecha, que es la más social y extrovertida, sonríe como si estuviera posando. Entre los dos está el Agoney guerrero que lucha en una batalla que no puede ganar por su cuenta porque no es algo que esté en sus manos: sabe perfectamente que la sociedad está repleta de moralistas que escupen más polvo que palabras, y es inevitable que ese polvo termine haciéndonos daño en algún momento. Si las personas tuvieran más presente el hacer lo correcto y ponerse en la piel de los demás en vez de ver si has conseguido tus mil likes, todos podríamos vivir más tranquilos. Desgraciadamente no es así, por lo que no queda otra que intentar calmar a la parte más personal y a la parte más entusiasta para permanecer con los pies en la tierra, así que los dos Agoneys de los extremos vuelven a fundirse con el que hay en el medio y entran en un estado de desconexión impuesto por el instinto de supervivencia. Termina el estribillo y se oye un cristal roto en la única parte del vídeo en la que se intuye el volante. ¿Ha dado un volantazo y ha roto lo establecido? ¿Ha decidido cambiar de rumbo para no seguir al resto y se ha chocado contra la realidad porque la sociedad no le permite vivir en libertad? La interpretación es libre, pero esa es la nuestra.

Segunda parte: después del volantazo, sale del coche y lo primero que se encuentra al pisar a la calle es una alfombra roja y un montón de flashes. ¿Por qué lleva gafas si está en un sitio oscuro? Sin gafas no le quedaría otra opción que ver la realidad tal y como es, y a veces puede ser demoledora. De hecho hay una mujer sin gafas que no quiere abrir los ojos porque tendría que encarar la realidad (como se ve en la foto que veréis más abajo).

Todos tienen los dedos negros, así que lo explicado anteriormente no es solo cosa de Agoney: está contando una verdad general desde su propia experiencia. El ánimo de todos nosotros ha terminado de una forma u otra condicionado por las redes sociales, como ya dijimos antes; pueden cambiar nuestra huella de identidad de color.

Otra persona sin gafas aparece. Es mayor y tiene un velo. Te preguntas qué significará y justo en ese momento Agoney te responde con un desgarrado “no podré escapar”. No hay manera de ser libre si el mundo en el que vives tiene un cielo sumido en la oscuridad, y la persona que está ahí y que probablemente reúna más experiencias y sabiduría lo sabe. Por eso lleva el velo, porque sabe lo que está a punto de ocurrir. Poco después, aparece el hombre adulto que mencionamos antes, y tampoco lleva gafas. Es el único, sin contar a Agoney, que en ese momento no está mirando el móvil. Está mirando al horizonte, al más allá. ¿Es ese hombre una representación de Agoney? ¿Es ese hombre la representación de lo que le puede pasar a cualquier persona que viva en las redes sociales? Sea como sea, ese hombre se dio cuenta de que la única salida a todo ese mundo sin libertad estaba allá donde nadie te pueda encontrar.

Tercera parte: un sacerdote aparece y mancha de sangre a Agoney con un hisopo litúrgico. Hasta ese momento Agoney no se había mojado de nada pese a estar bajo la lluvia y sin paraguas (estando el resto del mundo cubierto, pero mojado). Le lanza sangre para que el tinerfeño no tenga otra opción que ser como los demás, un ser negro y oscuro. El cura, la representación del bien, la bondad y el amor, termina siendo un hipócrita que quiere llenar de veneno a toda persona que se niegue a sumarse a la ola de odio, postureo y cinismo que ha invadido internet. Un moralista más.

En la siguiente escena Agoney está en una bañera llena de agua y repleta de rosas blancas. El agua calmada, la pureza del color de la flor, la tranquilidad que siente uno al estar aislado, de no tener que estar pendiente de hacer las cosas a la perfección para evitar ataques, la importancia que uno se debe dar a sí mismo… Esa es la utopía a la que todos querríamos llegar, es todo lo contrario a lo que hemos visto anteriormente. Ahí es donde Agoney, según interpretamos, desea estar: en un lugar tranquilo en el que el amor propio pueda con cualquier comentario externo. Pero vuelve a aparecer el Agoney del principio con el foco rojo apuntándole directamente a la cara.

Última parte: Agoney ha muerto. ¿Qué ha pasado? Para entenderlo hay que fijarse en los lados, no en él: hay una cuerda en la parte izquierda. Agoney, sin quererlo, ha caído en la trampa de la sociedad y ha sido destruido por ella. Las personas mayores lo vieron venir y lloran por ello. Y ahí está él, con su traje de “Quizás”, muerto por haber intentado hacer las cosas a su manera sin ser consciente de que no tendría la libertad de hacer lo que quiera porque la gente no le dejaría ser libre. Agoney no ha matado a su pasado, ni tampoco reniega de su primer single, como algunos han dicho: si Agoney aparece muerto con ese traje es porque la sociedad le ha llevado a la tumba al intentar cortarle las alas. La sociedad, una vez más, ha asesinado al arte.

Al final el cura trata de seguir echándole sangre estando ya en la tumba, pero del hisopo no aparece nada. Ya no hay nada que ensuciar porque ya le ha matado con su toxicidad e hipocresía. En la última escena, huyendo de todo, se sumerge en su bañera, desapareciendo del mundo para todos los demás.

Que el tema guste o no es subjetivo, pero hablando desde la objetividad, el trabajo es de matrícula de honor, lo único que creemos que tendría que procurar mejorar es el tema de la vocalización, ya que en un par de versos tienes que parar para repetirlos y poder entender bien lo que dice. Es algo que seguro que corregirá en futuros trabajos, los cuales estamos ansiosos de escuchar. Nos queda Agoney para rato y estamos impacientes por poder disfrutar de un disco suyo. Un artista con tanta creatividad, con un mundo interior tan grande y con una visión del arte tan particular tiene todas las de ganar.

2019-08-30T23:33:44+02:00

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